VERDE VALLE


Mari y Berta trabajan juntas en un galpón de empaque, cansadas de la explotación, planean una huelga. Las ayuda Carlita, quien, además de ser la hija del dueño de la chacra, se opone al negocio de su padre y es parte de un colectivo que cultivan de manera agroecológica. Verde Valle muestra una realidad identitaria del Alto Valle. El cultivo de frutas, los agroqímicos y la búsqueda de una alternativa que no dañe al medioambiente ni a las personas.

PERSONAJES:

Mari: Un poco prejuiciosa y desconfiada. No le gustan las malas palabras. No es muy agraciada, Ligeramente encorvada. Acostumbrada a organizar a las pibas en el galpón, le gusta hacer las cosas a su manera

Berta.  Malhablada. Fue reina de la manzana, en su juventud. Le gusta mandar. Disputa la autoridad de Mari.

Ambas tienen edades similares, pero Berta lo lleva mucho mejor.

Carla: Única hija mujer del patrón. Su madre murió cuando ella era chiquita. Rebelde. Justiciera. Conoce todos los detalles de la empresa, de puro curiosa y “mandada”.

Claudio:  mano derecha del patrón. Este personaje se construye a partir del relato de las tres mujeres.

FRAGMENTO:

Mari: – (Mira el reloj grande de la pared) Van a ser. Va a venir el Claudio.

Berta. – ¡Cómo el Claudio! Yo hablé con Carlita.

Mari: – ¿La Carlita maneja el camión? ¿Tiene carnet?

Berta: – ¡Ah! ¿Te venís a hacer la legal ahora?

Mari: – No, pero si la paran en la ruta, mejor si tiene carnet.

Berta: – Esa pibita nació manejando. Mirá que no va a tener.

Mari: – ¿Pero no es menor?

Berta: – Parece, es chiquita. Pero no es. Si Juana me dijo que (baja la voz de repente) tuvo un aborto y todo.

Mari: – Que yo sepa para eso no hace falta ser mayor de edad. La de pibitas que he visto de encargue.

Berta: – Más de veinte tiene seguro.

Mari: – Los veinte de ahora …Yo estaría tranquila si viene el Claudio.

Berta: – Pero quedamos que esto era entre nosotras. Para ellos es distinto.

Mari: – Para mi es igual para todos.

Berta: – Mari. Lo hablamos mil veces, una cosa son las condiciones laborales para las mujeres y otra muy distinta para los hombres.

Mari: – Pero estamos todos metidos hasta acá (señala su frente) en la misma mierda. Y si no andá a contarle a los golondrinas.

Berta: – Pero ellos se tienen que organizar. Cada vez que los llamamos no vinieron.  Nosotras no podemos hacer todo. Vamos por partes.

Mari. – Y preferís meter a la Carlita en esto, que es la hija misma del patrón.

Berta: – Mil veces demostró estar de nuestro lado.

Mari: – No me importa, habíamos quedado que manejaba él.

Berta: – Ya está arreglado, no pensé que iba a ser para tanto.

Mari. – ¿Ves? Siempre lo mismo con vos, tomás decisiones sin consultarme y después me hacés quedar como una tonta.

Berta: – ¿De qué?

Mari: – Como haces ahora, vos decidiste por tu cuenta que venga la Carlita y me decís que pensaste que a mí me daba lo mismo, cuando yo te dejé bien en claro que en el único chofer que confío es Claudio.

Berta: – Mari, ¿de verdad me lo decís? ¿Ahora que ya casi estamos?

Mari: – ¿Ves cómo sos? Que suerte que ya me jubilo, y no voy a tener que seguir aguantándote.

Berta: – La verdad, qué suerte. Y a mí me va a quedar un año de reinado.

Mari: – La reina de la manzana, andá. Mirá, si no fuera porque me pasé la vida en este galpón y me importan las pibas que se quedan, me podría haber jubilado hace cinco años.

Berta: – Igual que yo. Que par de pelotudas las dos.

Mari: – Ché, la boca

Berta: – Disculpe señora.

Ríen a su pesar

Mari: – ¿Entonces, está todo listo?

Berta: – Todo listo. Para que te quedes tranquila, cuando venga Carlita le pregunto la edad.

Mari: – De gusto, si ya va a estar sabiendo de esto. Se va a ofender y va a ser peor.  Ahora ya está hecho así. ¿Traemos todo para adelante?

Berta: – Yo con mis manos no puedo, pensaba decirle a ella cuando llegue, que cargue la caja.

Mari: – ¿Es muy pesada?

Berta: – Igual que la otra vez

Mari: – ¿Imprimiste 3000?

Berta: – 5000

Mari: – ¿Y te alcanzó la plata?

Se escucha un ruido de motor de un camión acercándose. Las dos hacen silencio y agudizan el oído. Se abre el portón. Entra Carlita, una mujer joven vestida con enterito de jean gastado, una remera vieja, borceguís y una gorra verde y blanca de visera que dice “AGROVALLE”. Trae una mochila sucia y gastada.

Carlita: – ¿Qué onda?


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